16
Jul

Queridos emprendedores,  

Templados ya los ánimos tras la exaltación patriótica que nos provocó el triunfo en el Mundial de Sudáfrica permitidme que aborde en este nuevo post un tema que afecta de lleno a la empresa familiar.

Se habla mucho de la sucesión en la empresa familiar en términos de propiedad o gestión pero hoy os propongo reflexionar sobre la sucesión tecnológica. Muchos fundadores y generaciones en el ejercicio del poder son, dicho con el mayor de los respetos,  cuasi analfabetos en términos de SI/TI. No hablemos ya de ERP o CRM. Simplemente, una web puede ser considerada un mero mal necesario.

Sin embargo la tecnología es uno de los principales vectores de la sociedad del cambio en la que vivimos hoy y que nos obliga a ser más camaleónicos que nunca. Nuestro talento o nuestros consumidores de hoy se comunican, actúan y viven de forma muy diferente gracias a la tecnología. Asistes a un gran evento de entretenimiento y una gran parte de espectadores más que prestar atención al escenario se dedican a mandar fotos o comentarios a sus amigos para dejar constancia que están allí. El placer parece residir no tanto en disfrutar de un concierto de Coldplay o de la final de Roland Garros sino en dejar constancia que yo estoy aquí. Este intercambio de información es la base de extraordinarios proyectos empresariales que detectaron una oportunidad latente. Para mucha gente de mi generación el plan más aburrido del mundo era acudir a una casa de amigos para que te mostraran sus fotos o vídeos de la luna de miel en Puket o la escapada a ver las pirámides de Egipto. Sin embargo, el envío de fotos o vídeos constituye hoy una fórmula básica de entretenimiento para las generaciones más jóvenes, esas que serán el talento o los consumidores de nuestras empresas.

Sectores como la música se han visto obligados a reinventarse. El modelo de ingresos de los grupos y cantantes pasa por más actuaciones en directo, dada la bajada de sus ingresos por venta de discos. Esto provoca que hasta los más grandes hagan gira cada año (Bono de U2 ha acelerado su recuperación tras operarse de la espalda para reanudar cuanto antes su impresionante Tour 360º) o que veteranos se lancen de nuevo a la carretera (AC/DC, Leonard Cohen, Miguel Ríos, o Charles Aznavour por citar algunos veteranos ilustres).

 

Tengo la sensación que muchas empresas familiares aún no han abordado a fondo la sucesión tecnológica. Se están perdiendo, por tanto, oportunidades para mejorar su gestión, para acercarse al mercado de forma más efectiva o para reclutar mejor talento.

Seguro que muchos de los seguidores del blog habréis vivido o estaréis viviendo este proceso sucesorio donde conviven generaciones con muy diferente preparación y sensibilidad para los asuntos de la tecnología y podréis ilustrarnos con ejemplos interesantes.

Hasta pronto, sed muy felices que es lo verdaderamente importante, felicidades a todas las Cármenes y marineros que nos lean y espero vuestros comentarios!!

Comentarios

Carlos Díaz 17 julio 2010 - 14:06

Que razón tienes Manuel, es difícil estar con alguien al 100% de acuerdo, en este caso al 110% contigo. Como reza un anuncio de un dispositivo electrónico, “poder enviar a mis amigos una foto que demuestre que estuve encerrado con ella en un ascensor” entiendo que esa es su mayor aplicación. La tecnología debe estar al servicio de los negocios y no solo del placer.

En la sociedad en la que vivimos, esta en la que podemos gestionar desde nuestra silla de la oficina un centro de trabajo en cualquier parte del mundo, con el simple hecho de tener una persona de confianza que nos envíe datos reales, esto si que no tiene precio. Poder tomar decisiones on-line, gestionar dicha información y agilizar todos los trámites, hace más competitivas a las empresas. Y como no, la empresa familiar en la que el jefe es el primero en llegar y el último en irse, gracias a la tecnología, este, tiene una mayor libertad de movimientos y una mayor posibilidad de ampliar objetivos sin necesidad de estar presente en su centro de trabajo.

Por otro lado esta es la antitesis a las personas que piensan que están por encima de las empresas. Cuando alguien piensa que una empresa funciona gracias a él, tenemos un problema. En este mundo nadie es insustituible y tú lo sabes mejor que nadie. Las personas pasan y las empresas se perpetúan en el tiempo. Al igual que los valores identifican a las personas, las empresas se identifican por sus valores, la tecnología en este caso es un valor añadido. Por último solo me cabe decir que una empresa sin valores es una empresa en quiebra.

Carlos Díaz.

Manuel Bermejo 18 julio 2010 - 15:00

Carlos, absolutamente de acuerdo con lo que dices. Como tantas veces se comenta, las personas pasan pero quedan las empresas (o las isntituciones). Por otro lado, lo relevante es que las empresas familiares, tan conservadoras a veces, visualicen en la tecnología una fuente de mejora, no simplemente una amenaza.

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