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Feb

Queridos emprendedores,
En las últimas semanas he tenido por razones de mi agenda profesional encuentros con varios relevantes empresarios familiares. Una vez más he regresado a casa con la firme convicción que la empresa familiar es espejo donde mirarse. Hay mucho que aprender de las empresas familiares. La empresa familiar no es sinónimo de problemas, como parece desprenderse si atendemos a las noticias publicadas generalmente en torno a esta temática en medios de comunicación, donde se suelen destacar los aspectos más sórdidos de este tipo de organizaciones, que son la excepción, dicho sea de paso.
Cuando analizas casos de éxito de empresas familiares líderes encuentras que su gestión está presidida por valores muy potentes. Valores que afloran con frecuencia en las conversaciones con familias empresarias y que observas hasta en nimios detalles. Por cierto, valores que ojalá permearan al conjunto de la sociedad. Destaco cuestiones como excelencia, compromiso, responsabilidad, ética empresarial, iniciativa emprendedora, innovación, prudencia en la gestión, visión de largo plazo, perseverancia, trabajo duro, orientación al logro, ….
Esta observación empírica coincide con investigaciones solventes como la aportada en el libro “La Reputación de la Empresa Familiar” dirigido por la prestigiosa consultora Villafañe&Asociados y en el que tuve la oportunidad de colaborar. Hay evidencias de que la empresa familiar compara mejor con otro tipo de organizaciones en términos de beneficios, internacionalización, solvencia, calidad de la oferta comercial, atención al desarrollo de sus empleados y ética. En esta Europa de la triple crisis (económica+financiera+de valores) quiero destacar precisamente la relevancia de los valores de la empresa familiar en medio de una sociedad que parece haber destinado todos sus esfuerzos a la adoración del becerro de oro, sin importarle lo que se lleve por delante con tal de obtener dinero.
A la empresa familiar en general lo que le falla habitualmente es la gestión de los intangibles porque no está habituada a formalizar espacios de reflexión estratégica dese los que atender adecuadamente estos temas. En este sentido saco a relucir una frase muy pragmática de John D Rockefeller que dice “Reputación es hacer las cosas bien y que se sepa”. Muchas empresas familiares hacen las cosas bien, y hasta muy bien. El reto es trasladarlo al conjunto de la sociedad, empezando por los medios de comunicación, pues en la clase periodística es donde la investigación demuestra que es peor la percepción de la empresa familiar. En esta era de internet no vale ya la estrategia del avestruz.
También en este ámbito percibo un creciente esfuerzo de la empresa familiar por manejarse con mayor rigor, formalizando el gobierno corporativo, cuidando el talento en el bien entendido que cuando más capacidades se aglutinan más se facilita la competitividad o entendiendo que vivimos en un entorno global lo que obliga a ampliar la visión periférica a la hora de tomar decisiones determinantes sobre los negocios. Seguramente no es casualidad que también advierto un creciente interés de las generaciones continuadoras por los negocios de sus familias. Cuando en los años 90 dirigía el MBA del IE Business School la mayor parte de los hijos de familias empresarias preferían hacer carrera en banca de inversión o consultoría. Seguramente porque la empresa familiar era un modelo de escaso prestigio. Bienvenido sea este cambio y la puesta en valor de la empresa familiar a la que debemos una muy buena parte del empleo y la riqueza que se genera en el mundo.
Hasta pronto. No dejes de esforzarte por ser muy feliz que, al final del día, es lo más importante para ti y los que te rodean

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