23
Ene

Queridos emprendedores ,

Recientemente se publicaron los datos del primer Barómetro de la Empresa Familiar, realizado por KPMG en colaboración con las Asociaciones Territoriales vinculadas al Instituto de Empresa Familiar. En primer lugar cabe felicitar a las instituciones que han impulsado esta interesante iniciativa.

Quizás el dato que más ha llamado la atención de este informe y que ha acaparado los titulares en los medios es que el 80% de los encuestados expresaban su intención de crecer en los próximos 6 meses. Y un rasgo aún más interesante es que más de la mitad de quienes van a crecer lo harán fuera de nuestras fronteras.

Estos datos consolidan los que ya ofrecen otros medios o incluso los que individualmente podemos palpar quienes estamos en permanente contacto con empresas familiares.

Lo relevante a mi juicio es insistir en la idea de que la empresa familiar es solución y no problema. Durante demasiado tiempo se ha vinculado la empresa familiar a problemas, como si este fuera la única característica de este tipo de organizaciones, por otro lado mayoritarias en la composición del tejido empresarial de todos los países.

Siempre he defendido que muchas empresas familiares han sido, son y serán espejo donde mirarse. Las empresas familiares suelen gestionarse desde sólidos valores. El más distintivo es el compromiso con el proyecto empresarial y con la gente vinculada al mismo. Con una visión de largo plazo alejada de perniciosos planteamientos especulativos. Esto explica, sin duda, que en estas épocas complejas, muchas compañías familiares han tomado decisiones muy duras de ajuste, empezando por aquellas que afectan directamente a la propiedad, para asegurar, primero la sostenibilidad de la compañía y, en segunda instancia, su competitividad.

Por otra parte, las empresas familiares han demostrado también una excepcional agilidad para abordar tremendos cambios en el entorno. Los más destacados sin duda, el desplome del consumo interno y las enormes dificultades para acceder al crédito. A puro golpe de riñón y con enorme determinación muchas compañías familiares han iniciado, o continuado, la expansión internacional. Proceso clave no sólo para su supervivencia individual sino también para dar la vuelta al conjunto de la economía española. Razón por la cual de nuevo exijo que el conjunto de la sociedad vaya desarrollando una mirada cómplice con las familias empresarias por su extraordinaria contribución en términos de creación de empleo, riqueza y bienestar. En la mayoría de familias empresarias españolas encontramos extraordinarios ejemplos de gentes emprendedoras de altísima calidad.

Tal es la aportación de la empresa familiar que no es extraño que estén absolutamente legitimados para exigir a las administraciones medidas mucho más contundentes y audaces para crear un clima general que favorezca la competitividad de nuestras empresas. Seguimos contando con unas administraciones elefantiásicas que generan enorme gasto nada productivo y que impide que el crédito fluya a las empresas privadas. La presión impositiva es brutalmente alta y cercena muchas posibilidades de inversión para crecer. Los costes energéticos de España son comparativamente muy elevados con muchos de sus pares. La acción exterior de las administraciones puede y debe mejorarse….

No quiero dejar de destacar que esta crisis, dura y prolongada, ha puesto de manifiesto que la gestión de empresas familiares debe guiarse cada vez más por el rigor y la sofisticación.

Muchas empresas familiares, incluso medianas y pequeñas, están en disposición de crecer porque han hecho buenas inteligencias de mercado, porque han innovado para adaptarse a mercados en permanente evolución, porque desarrollan vía I+D productos y tecnologías propietarias, porque creen decididamente en la internacionalización de sus actividades y porque se gestionan de forma más institucional creando espacios para atender no sólo lo urgente sino también aspectos estratégicos de trascendencia para asegurar su crecimiento y rentabilidad. Sin ningún género de dudas, ése es el camino a seguir.

Acabo reiterando una vez más mi gratitud a tantas y tantas familias empresarias que siguen siendo vitales para la vertebración y desarrollo de nuestra sociedad.

Hasta pronto. No dejes de esforzarte por ser muy feliz que, al final del día, es lo más importante para ti y los que te rodean

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