30
Sep

Queridos emprendedores,

 

“Prefiero que mi hijo sea un buen accionista que un mal presidente” así de llamativo era el titular de la entrevista a Ferruccio Ferragamo publicada en Expansión el pasado 16 de septiembre y que acababa con en estas interesnates declaraciones por parte del patrón del imperio Ferragamo: James Ferragamo, uno de los hijos gemelos de Ferragamo, que trabaja en la línea de accesorios de cuero para mujeres, está llamado a convertirse en el principal ejecutivo de la tercera generación. Ante la pregunta de si le gustaría que su hijo le sustituyera como presidente del grupo, el empresario responde «sí, siempre que sea lo mejor para la empresa. En caso contrario, prefiero que mi hijo sea un buen accionista a un mal presidente”.

Dicho por el líder de una gran saga familiar me parece que la frase de Ferragamo es una generosa lección que nos deja a las empresas familiares.

Por un lado se infiere la separación de roles que debe darse en toda empresa familiar. Por muy complejo que nos suponga esta distinción cuando habitualmente se comparten varios gorros en las empresas de familia. Miro, por ejemplo, a mi madre y puedo ver a la propietaria del 55% de las acciones de la empresa, a su directora general y además consejera tanto del Consejo de Administración como del de Familia. . Pero distinguir papeles es básico para el éxito de empresa y familia. Muchos continuadores de empresas familiares van a acabar siendo por vía testamentaria accionistas de sus compañías. Y esa responsabilidad hay que ejercerla con gran rigor. Es un trabajo en sí mismo. Como ser director de operaciones, jefe de producto o country manager en Chile. No digamos ya el desafío que aquellos accionistas que además sean miembros del Consejo de Administración. El ejercicio profesional del rol de administrador es vital para la sostenibilidad de las empresas.

Los accionistas deben velar porque la empresa se rija de acuerdo a los valores de la familia. Por tanto, no todo vale en la gestión para alcanzar los resultados. Debieran tener una hoja de ruta clara para que estrategia y táctica convivan convenientemente alineados. Tienen la obligación de forzar a los ejecutivos a que la empresa disponga de los recursos más adecuados para avanzar en la consecución de sus objetivos estratégicos.

Por otro lado, las declaraciones de Ferragamo apuntan también en una dirección muy didáctica de cara al establecimiento de prioridades. Las prioridades cuando se habla del negocio debe ser el negocio. Es el mejor garante para asegurar la sostenibilidad del proyecto empresarial, que suele ser un objetivo básico y que da sentido a tantas empresas familiares. En este sentido, decisiones tan críticas para la marcha del negocio como son el nombramiento de ejecutivos clave debiera pasar por el tamiz de la meritocracia.

Cono nos recuerda Ferragamo, hagamos aquello que sea lo mejor para la empresa.

Hasta pronto. No dejes de esforzarte por ser muy feliz que, al final del día, es lo más importante para ti y los que te rodean.

 

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