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4
Nov

CREDIBILIZARSE: MARCA, REPUTACION Y DIPLOMACIA PERSONAL

Escrito el 4 noviembre 2013 por Manuel Bermejo en LIDERAZGO

Queridos emprendedores,
Sabéis la enorme importancia que le doy a los aparentemente intangibles en la dirección de las empresas, en general, y de las familiares en particular. El complejo contexto empresarial de hoy obliga a sofisticar los niveles de gestión. Por eso defiendo que hay que atender tanto la agenda de asuntos urgentes, lo que nos suele fluir de un modo muy natural, como los importantes, lo cual demanda subirnos periódicamente a la atalaya de la reflexión estratégica y organizarnos nuestros “momentos napoleónicos”.
En particular hay dos conceptos que están cada día más en boga como son la reputación y la diplomacia corporativa. Porque las organizaciones (empresas, instituciones o países) han entendido que la reputación es una efectiva palanca de creación de valor. Dicho de un modo más contundente, es un activo que generar valor económico. Estamos en la era de Quinta Cuenta de Resultados, donde no vale ya solo con remunerar al accionista sino que hay que tener una visión mucho más completa para atender los requerimientos de todos los stakeholders con quienes se interactúa. Si desatiendes a cualquiera de ellos te expones, por ejemplo, a que un simple cliente mal atendido suba un vídeo a Youtube y destrozar la reputación de una compañía con los serios inconvenientes que se va desencadenando una vez echado a andar el proceso.
Del mismo modo que comentamos paras las instituciones creo que también los individuos debemos cuidar especialmente nuestra imagen. Posiblemente, a diferencia de lo que ocurre con las empresas, es muchas veces el único o principal activo con el que contamos.
Siempre me ha gustado pensar que, con independencia de que trabajemos por cuenta propia o ajena, debemos cuidar mucho a nuestros clientes. Ponernos mucho en sus zapatos para satisfacer sus necesidades. Que sientan que les aportamos valor por aquello que nos pagan, que hay una justa ecuación de canje. Si trabajas por cuenta propia parece evidente lo que digo. Pero también para los asalariados. La empresa para la que trabajas puede ser tu único o nuestro mejor cliente, por lo que cobra todavía mucho más interés la idea que te comparto. Como dice Tom Peters, “somos el CEO de nuestra empresa, de nuestro YO, S.A”. Así que tenemos que empezar por credibilizarnos, por ganar reputación personal y por practicar la diplomacia.
Hace poco un amigo, ejecutivo de una firma multinacional, me llamó para comentarme que dejaba su puesto para irse con una antigua jefa que estaba emprendiendo un proyecto nuevo. Le pregunté qué le movía a cambiar. No dudó un instante. “Manuel, creo ciegamente en esta persona”. El poder de la credibilidad. La atracción de la credibilidad.
Podemos abordar el proceso de la reputación personal a tres niveles:
-Tu propia credibilidad: La credibilidad profesional se va consolidando a través de una mezcla de experiencia y formación. Trázate tu propio plan estratégico con esta misión como objetivo fundamental. No dejes de invertir en ti mismo. No dejes de aprender nunca. Debes formarte para ser el líder que se espera de ti. El gran gurú y padre del management, Peter Drucker, insistía en que el liderazgo “se puede y se debe aprender” Piensa que cada cada evento al que acudes, cada reunión que tienes, cada curso que haces, cada entrevista que concedes a la prensa, cada entrevista con un candidato a entrar en tu compañía, cada presentación a un cliente, cada negociación con un proveedor, cada conversación aparentemente intrascendente con tu compañero de asiento en un avión,…. son oportunidades para crearte una buena imagen. Para ir fabricando tu reputación personal. Ve con esa mentalidad proactiva por la vida

-La credibilidad con tu equipo pasa por manejar conceptos como la ejemplaridad, la generosidad , la equidad o la coherencia en todo lo que supone manejar personas que están en tu ámbito de influencia
-La credibilidad hacia el entorno se gana cuando aplicas la máxima de John D Rockefeller quien aseguraba que “reputación es hacer las cosas bien y que se sepa”. Muy directa la recomendación que debe servir de guía en la acción diplomática individual. De nuevo sugiero ser muy incisivos en este territorio. Indudablemente el desarrollo de redes sociales facilita mucho esta acción diplomática.
En definitiva debemos trabajar con rigor y pensamiento estratégico en la construcción de nuestra reputación porque es nuestro gran activo. Ya lo decía el gran Miguel de Cervantes, “más vale el buen nombre que las muchas riquezas”. Así que a la tarea, a credibilizarse.
Hasta pronto. No dejes de esforzarte por ser muy feliz que, al final del día, es lo más importante para ti y los que te rodean

2
Feb

Queridos emprendedores,
En las últimas semanas he tenido por razones de mi agenda profesional encuentros con varios relevantes empresarios familiares. Una vez más he regresado a casa con la firme convicción que la empresa familiar es espejo donde mirarse. Hay mucho que aprender de las empresas familiares. La empresa familiar no es sinónimo de problemas, como parece desprenderse si atendemos a las noticias publicadas generalmente en torno a esta temática en medios de comunicación, donde se suelen destacar los aspectos más sórdidos de este tipo de organizaciones, que son la excepción, dicho sea de paso.
Cuando analizas casos de éxito de empresas familiares líderes encuentras que su gestión está presidida por valores muy potentes. Valores que afloran con frecuencia en las conversaciones con familias empresarias y que observas hasta en nimios detalles. Por cierto, valores que ojalá permearan al conjunto de la sociedad. Destaco cuestiones como excelencia, compromiso, responsabilidad, ética empresarial, iniciativa emprendedora, innovación, prudencia en la gestión, visión de largo plazo, perseverancia, trabajo duro, orientación al logro, ….
Esta observación empírica coincide con investigaciones solventes como la aportada en el libro “La Reputación de la Empresa Familiar” dirigido por la prestigiosa consultora Villafañe&Asociados y en el que tuve la oportunidad de colaborar. Hay evidencias de que la empresa familiar compara mejor con otro tipo de organizaciones en términos de beneficios, internacionalización, solvencia, calidad de la oferta comercial, atención al desarrollo de sus empleados y ética. En esta Europa de la triple crisis (económica+financiera+de valores) quiero destacar precisamente la relevancia de los valores de la empresa familiar en medio de una sociedad que parece haber destinado todos sus esfuerzos a la adoración del becerro de oro, sin importarle lo que se lleve por delante con tal de obtener dinero.
A la empresa familiar en general lo que le falla habitualmente es la gestión de los intangibles porque no está habituada a formalizar espacios de reflexión estratégica dese los que atender adecuadamente estos temas. En este sentido saco a relucir una frase muy pragmática de John D Rockefeller que dice “Reputación es hacer las cosas bien y que se sepa”. Muchas empresas familiares hacen las cosas bien, y hasta muy bien. El reto es trasladarlo al conjunto de la sociedad, empezando por los medios de comunicación, pues en la clase periodística es donde la investigación demuestra que es peor la percepción de la empresa familiar. En esta era de internet no vale ya la estrategia del avestruz.
También en este ámbito percibo un creciente esfuerzo de la empresa familiar por manejarse con mayor rigor, formalizando el gobierno corporativo, cuidando el talento en el bien entendido que cuando más capacidades se aglutinan más se facilita la competitividad o entendiendo que vivimos en un entorno global lo que obliga a ampliar la visión periférica a la hora de tomar decisiones determinantes sobre los negocios. Seguramente no es casualidad que también advierto un creciente interés de las generaciones continuadoras por los negocios de sus familias. Cuando en los años 90 dirigía el MBA del IE Business School la mayor parte de los hijos de familias empresarias preferían hacer carrera en banca de inversión o consultoría. Seguramente porque la empresa familiar era un modelo de escaso prestigio. Bienvenido sea este cambio y la puesta en valor de la empresa familiar a la que debemos una muy buena parte del empleo y la riqueza que se genera en el mundo.
Hasta pronto. No dejes de esforzarte por ser muy feliz que, al final del día, es lo más importante para ti y los que te rodean

30
Oct

Queridos emprendedores,
Ayer con motivo de la presentación en el IE Business School el libro “La Reputación de la Empresa Familiar” dirigido por la prestigiosa consultora Villafañe&Asociados vivimos un apasionante debate con relevantes expertos en la materia como Justo Villafañe, Catedrático de la Universidad Complutense y Socio de Villafañe&Asociados; José Félix Gálvez, Socio de PWC; Fernando Olivares, Director de la Cátedra de Empresa Familiar de la Universidad de Alicante; Eduardo Estévez, Director de Empresa Familiar de Castilla y León y quien esto les escribe.
Una vez más salí de este encuentro con la firme convicción que la empresa familiar es espejo donde mirarse y aprender y no problema, como parece desprenderse si, por ejemplo, atendemos a las noticias publicadas en torno a esta temática en medios de comunicación, donde generalmente se destacan los aspectos más sórdidos de este tipo de organizaciones, que son la excepción dicho sea de paso.
Hay evidencias de que la empresa familiar compara mejor con otro tipo de organizaciones en términos de beneficios, internacionalización, solvencia, calidad de la oferta comercial, atención al desarrollo de sus empleados y ética. En esta Europa de la triple crisis (económica+financiera+de valores) quiero destacar precisamente la relevancia de los valores de la empresa familiar en medio de una sociedad que parece haber destinado todos sus esfuerzos a la adoración del becerro de oro, sin importarle lo que se lleve por delante con tal de obtener dinero.
A la empresa familiar en general lo que le falla habitualmente es la gestión de los intangibles porque no está habituada a formalizar espacios de reflexión estratégica en los que atender adecuadamente estos temas. En este sentido saco a relucir una frase muy pragmática de John D Rockefeller que dice “Reputación es hacer las cosas bien y que se sepa”. Muchas empresas familiares hacen las cosas bien, y hasta muy bien. El reto es trasladarlo al conjunto de la sociedad, empezando por los medios de comunicación pues en la clase periodística es donde la investigación demuestra que es peor la percepción de la empresa familiar. En esta era de internet no vale ya la estrategia del avestruz, así que a la tarea.
Hasta la próxima, tratad de ser muy felices y espero vuestros comentarios

15
Mar

Queridos emprendedores,

El otro día me reuní con un viejo amigo a quien hacía tiempo no veía. Nos pusimos al día y compartimos reflexiones sobre la empresa familiar. Rescato una anécdota que me contó con gracia mi amigo, experto coach. Hace tiempo un cliente, hermano de una saga en segunda generación de una empresa familiar mediana sita en una provincia española, le encarga los servicios de coaching. En la segunda reunión el “coachee”, apurado, le confiesa que sus cinco hermanos creen poco en estas cosas del coaching o la formación y que les parece un disparate los honorarios profesionales del servicio así que para justificar ante la familia ese gasto le pregunta si, en el ámbito del coaching, le puede ayudar a desarrollar el negocio en aquellas zonas geográficas del extranjero donde el coach tenía experiencia y contactos profesionales.

Lógicamente mi amigo y experto coach le explica de nuevo el alcance y objetivos del coaching y le sugiere la posibilidad de presentarle algún headhunter que les ayude a buscar un director de desarrollo de negocio internacional.

Con frecuencia las compañías nos preocupamos sólo de lo urgente y olvidamos lo importante.

Es un error. Lo importante, lo estratégico, lo que nos puede aportar sostenibilidad en el medio y largo plazo debe tener espacio en nuestra agenda de prioridades. Ya sea en una pyme familiar o en una multinacional. Formación, motivación, desarrollo profesional, marca, reputación corporativa, networking,….. Son algunos elementos intangibles pero que deben considerarse y manejarse para que aporten valor a la empresa familiar.

Si hacemos autocrítica muchos fracasos empresariales provienen de la falta de atención a lo importante: excesivo riesgo en pocos clientes, escasez de talento, obsolescencia tecnológica, falta de adaptación a los cambios del entorno, débil posición en los mercados internacionales, conflictos familiares que invaden el espacio empresarial….

Combinar las presiones del corto plazo con un enfoque de medio/largo plazo es un arte ciertamente. Quienes lo dominan llegan lejos. Las empresas familiares, por definición, tienen en su código genético la continuidad lo cual obliga a pensar también en los intangibles. Por supuesto que a los intangibles se les puede poner una métrica que nos ayude a avanzar en las tareas de corto, pero sin el valor que ofrecen estaremos en peores condiciones de competir.

Sé que escribo esto en momentos de enorme dificultad empresarial pero por eso saco a relucir este tema ahora. Porque hasta para cerrar una empresa lastrados por la crisis, llegado el caso, hace falta pensamiento estratégico al cual ayudan esos intangibles a los que me estoy refiriendo.

Hasta pronto, espero vuestros comentarios y no olvidéis ser felices

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