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Sep

CODICIA

Escrito el 24 septiembre 2010 por Manuel Bermejo en PERSONAS Y VALORES

Queridos emprendedores,
Buceando ayer por la red leí una jugosa entrevista jugosa del escritor Mario Vargas Llosa de la que extraigo este párrafo en alusión a la tan cacareada crisis:
“Esta crisis no es una crisis, digamos, puramente financiera. Detrás de la conducta de los grandes banqueros, de los grandes empresarios, hay una moral degradada, profundamente depravada por la codicia. Y esa es una forma terrible de incultura. De eso hablaban todos los grandes pensadores liberales, desde Adam Smith hasta Hayek o Popper. Decían: la libertad, que es el gran instrumento del progreso, si no viene sólidamente fundada, sostenida, por una espiritualidad y una cultura rica, creativa, crítica, en constante renovación, puede llevarnos al abismo”.


No puedo estar más de acuerdo con el maestro peruano. Vengo hablando desde hace tiempo de la triple crisis (financiera, económica y de valores) porque en el sustrato de lo que nos ocurre percibo una profunda pérdida de valores, propios de la caída de los imperios.
Reflexionemos sobre cómo afecta esta cuestión a los empresarios familiares. Es cierto que todos los empresarios somos ambiciosos. Buscamos muchas cosas además del dinero, que también nos mueve, no siempre como máxima prioridad. En la empresa familiar, por ejemplo, hay una enorme motivación por continuar la obra de los fundadores. El punto es identificar cuándo se llega a los límites peligrosos de la codicia, entendida en su más pura acepción del diccionario: deseo o apetito ansioso y excesivo de bienes o riquezas.
¿Se puede ser empresario sin codicia? ¿Cuáles son los límites de la ambición del emprendedor? Seguramente mucho nos pondríamos de acuerdo en un límite obvio: el cumplimiento de la ley. Más matizable sería el aspecto de cumplir con las normas éticas comúnmente aceptadas, porque es un concepto más laxo. Sin embargo hay aspectos mucho más de matiz. ¿Y si la ambición que deriva en codicia pone en riesgo la familia o las relaciones personales? ¿Y si la ambición desbocada me obliga a un ejercicio meramente táctico que puede poner en riesgo la sostenibilidad futura? ¿Y si esa espiral ambiciosa me lleva a alejarme de la prudencia en la gestión? Y tantos otros interrogantes que pueden surgir en las mentes de los inteligentes lectores del blog.
No son temas evidentes y creo merecen un ejercicio de pensamiento individual para todos los que tenemos responsabilidades empresariales.
El próximo post será dedicado a las mamás como os prometí. Necesito el sosiego del fin de semana para acabar de inspirarme.
Hasta pronto, sed muy felices que es lo verdaderamente importante y espero vuestros comentarios!!

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