15
Mar

Queridos emprendedores,

El otro día me reuní con un viejo amigo a quien hacía tiempo no veía. Nos pusimos al día y compartimos reflexiones sobre la empresa familiar. Rescato una anécdota que me contó con gracia mi amigo, experto coach. Hace tiempo un cliente, hermano de una saga en segunda generación de una empresa familiar mediana sita en una provincia española, le encarga los servicios de coaching. En la segunda reunión el “coachee”, apurado, le confiesa que sus cinco hermanos creen poco en estas cosas del coaching o la formación y que les parece un disparate los honorarios profesionales del servicio así que para justificar ante la familia ese gasto le pregunta si, en el ámbito del coaching, le puede ayudar a desarrollar el negocio en aquellas zonas geográficas del extranjero donde el coach tenía experiencia y contactos profesionales.

Lógicamente mi amigo y experto coach le explica de nuevo el alcance y objetivos del coaching y le sugiere la posibilidad de presentarle algún headhunter que les ayude a buscar un director de desarrollo de negocio internacional.

Con frecuencia las compañías nos preocupamos sólo de lo urgente y olvidamos lo importante.

Es un error. Lo importante, lo estratégico, lo que nos puede aportar sostenibilidad en el medio y largo plazo debe tener espacio en nuestra agenda de prioridades. Ya sea en una pyme familiar o en una multinacional. Formación, motivación, desarrollo profesional, marca, reputación corporativa, networking,….. Son algunos elementos intangibles pero que deben considerarse y manejarse para que aporten valor a la empresa familiar.

Si hacemos autocrítica muchos fracasos empresariales provienen de la falta de atención a lo importante: excesivo riesgo en pocos clientes, escasez de talento, obsolescencia tecnológica, falta de adaptación a los cambios del entorno, débil posición en los mercados internacionales, conflictos familiares que invaden el espacio empresarial….

Combinar las presiones del corto plazo con un enfoque de medio/largo plazo es un arte ciertamente. Quienes lo dominan llegan lejos. Las empresas familiares, por definición, tienen en su código genético la continuidad lo cual obliga a pensar también en los intangibles. Por supuesto que a los intangibles se les puede poner una métrica que nos ayude a avanzar en las tareas de corto, pero sin el valor que ofrecen estaremos en peores condiciones de competir.

Sé que escribo esto en momentos de enorme dificultad empresarial pero por eso saco a relucir este tema ahora. Porque hasta para cerrar una empresa lastrados por la crisis, llegado el caso, hace falta pensamiento estratégico al cual ayudan esos intangibles a los que me estoy refiriendo.

Hasta pronto, espero vuestros comentarios y no olvidéis ser felices

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